¿Cómo he llegado hasta aquí?

Esta pregunta nos la hemos hecho todos en algún momento, cuando nos damos cuenta de que hemos llegado a un determinado lugar sin saber cómo. No recordamos el trayecto, pero allí estamos.

Tranquilo, no sufres de amnesia momentánea, es una reacción normal del cerebro y se conoce como conducción subconsciente.

Suele ocurrir cuando tenemos una rutina diaria muy marcada. Nuestros cerebro activa el modo automático porque se acostumbra al mismo proceso y no necesita meditarlo para llevarlo a cabo. Y pasa con todo: levantarnos, desayunar, una ducha, coger las llaves, etc.

El problema llega cuando también se produce en la conducción pues supone un riesgo para la seguridad vial.

La conducción subconsciente es, en sí, la consecuencia de adquirir el hábito de conducir y llegar a nuestro destino. Produce una reducción de los procesos cognitivos conscientes que pueden centrarse en otra tarea paralela. Es decir, nuestro subconsciente se ocupa en la conducción mientras que nuestro lado consciente atiende a esa segunda tarea.

Aquí está el riesgo del que hablábamos, al ir disminuyendo la percepción en la conducción, si aparece un estímulo que requiera de toda nuestra atención, no seremos capaces de hacerle frente.

Para comprobar como funciona y medir en qué cantidad y de qué forma se produce la conducción subconsciente, Audi desarrolló el programa Attitudes con el que obtuvo los siguientes resultados:

  • El 75% de los conductores han experimentado esta forma de conducción.
  • El 77% de ellos, a pesar de haberlo hecho la mayoría, lo considera un riesgo para la seguridad vial.
  • Durante esta forma de conducción nuestra visión no sigue un orden preciso.
  • Aumenta nuestro campo visual.

La conclusión que se extrajo de todo esto es que el problema reside en no saber pasar de la conducción subconsciente a la conducción controlada (Maite Garolera), porque realmente la primera nos ayuda a no acabar exhaustos al bajarnos de nuestro vehículo.